FP

¿Cómo llega uno a hacerse profesor de una FP?

La gente no suele soñar con ser profesor de FP cuando es pequeña. Si preguntas a un niño qué quiere ser de mayor, te dirá astronauta, veterinario o gamer profesional. Lo de enseñar módulos de Administración o arreglar motores con chavales de 17 años no es algo que la gente suela tener en la cabeza. Y, sin embargo, muchos adultos terminan ahí, metidos en un aula, con una pizarra digital detrás y un grupo de alumnos preguntando si mañana hay examen.

¿Cómo se llega a eso? Pues no hay una sola manera, hay muchas. Algunas más rápidas, otras más largas… pero, en general, casi todo el mundo que se dedica a esto viene de haber trabajado en otro sitio, de cansarse de su trabajo, o de descubrir, por casualidad, que existe esta opción.

 

Lo primero: ¿qué es eso de ser profesor de FP?

Pues básicamente es enseñar a gente, normalmente joven (pero no siempre), un oficio o una profesión. Hay ciclos de todo: peluquería, cocina, informática, cuidados de enfermería, educación infantil, administración, carpintería, mecánica, electricidad, turismo… La lista es larga, y lo mejor es que casi siempre hay algo que encaja con lo que uno ha hecho en su vida laboral.

Pero ser profesor de FP no es lo mismo que dar clase en un colegio o instituto de secundaria. Aquí no se enseña Lengua ni Matemáticas, aquí se enseña lo que se ha hecho en el mundo real. Así que, si uno ha trabajado durante años en una empresa, o como autónomo, o en un hospital, o en un taller, tiene mucho ganado. La experiencia vale oro.

 

¿Hay que estudiar algo para ser profe?

Sí. Aunque uno sea un máquina en su profesión, para dar clase en una FP pública hay que cumplir ciertos requisitos.

Lo bueno es que no son imposibles, pero hay que tenerlos claros desde el principio.

 

Requisitos básicos (para centros públicos):

  1. Tener una titulación adecuada: Para dar clase en FP de Grado Superior, se necesita un título universitario (puede ser grado, diplomatura o licenciatura). Para FP de Grado Medio, a veces basta con ser Técnico Superior (es decir, tener un ciclo formativo de Grado Superior), pero no en todas las especialidades.
  2. Haber hecho el Máster de Formación del Profesorado (el antiguo CAP): Es obligatorio en casi todos los casos. Se hace en la universidad, dura un año, y se puede hacer presencial u online. Cuesta dinero, sí, pero es necesario.
  3. Tener experiencia laboral en el sector que se quiere enseñar: Esto es especialmente importante en FP. No basta con tener títulos, hay que haber trabajado.
  4. En algunas comunidades, saber el idioma autonómico: En Cataluña, Galicia, País Vasco, Baleares… si uno quiere trabajar en la pública, tiene que tener un nivel mínimo del idioma de allí.

 

¿Y si no tengo carrera?

Todavía se puede ser profesor de algunas especialidades si se tiene un ciclo superior y experiencia laboral suficiente. Son los casos de profes técnicos: cocina, estética, peluquería, soldadura, mantenimiento… Cada vez se piden más requisitos, pero aún quedan opciones si uno no tiene carrera universitaria.

 

¿Dónde se puede trabajar como profesor de FP?

Hay tres caminos principales:

  1. En centros públicos como funcionario: Es lo más estable, pero hay que opositar. Hay plazas fijas, sueldos decentes y vacaciones largas. El proceso es largo, pero mucha gente lo consigue.
  2. En centros públicos como interino: Aquí no hay plaza fija, pero sí trabajo. Se accede por bolsas de empleo. A veces hay más demanda que oferta, y si uno está bien preparado y tiene disponibilidad, puede empezar pronto.
  3. En centros privados o concertados: Aquí no se oposita, pero hay que tener formación. Se entra enviando currículums. A veces las condiciones son algo peores, pero también es más fácil empezar.

 

Vale, ¿y las oposiciones cómo son?

Las oposiciones a profesor de FP las convoca cada comunidad autónoma, normalmente cada dos años. No hay una única prueba para todo el país: depende de la especialidad (por ejemplo, Cocina no es lo mismo que Administración), y del lugar donde se quiera trabajar.

 

El proceso suele tener dos fases:

  1. Fase de exámenes (oposición pura y dura):
    • Un examen teórico sobre un temario oficial.
    • Una prueba práctica, donde hay que resolver ejercicios relacionados con la profesión (por ejemplo, programar algo si se opta a Informática).
    • Y si se pasa eso, se defiende una programación didáctica y una unidad didáctica delante de un tribunal.

 

  1. Fase de méritos:

Si se aprueban los exámenes, se suman puntos por experiencia previa, cursos, idiomas, etc.

Es un proceso largo y competitivo. Mucha gente tarda varios intentos en sacar plaza. Pero también es cierto que hay quien empieza como interino mientras se prepara.

 

¿Se puede trabajar sin opositar?

. Si uno está en una bolsa de interinos y hay necesidad de profes, pueden llamar sin haber aprobado oposiciones. Hay comunidades donde esto pasa bastante, porque no hay suficientes personas con el perfil adecuado.

Eso sí, hay que estar atento a las bolsas de trabajo que se van abriendo. Cada comunidad tiene sus propias listas. A veces salen convocatorias públicas donde uno puede inscribirse simplemente aportando sus títulos y experiencia. Otras veces se accede por listas extraordinarias, cuando faltan profes y hay urgencia.

También existe la opción de trabajar en centros privados, donde lo que se valora es el perfil del candidato, su experiencia, su disponibilidad y, a veces, su simpatía.

 

¿Y las academias para preparar las oposiciones?

La academia de oposiciones profesora de de FP (entre otras cosas), Preparadores Valladolid, nos confiesan que muchos, al principio, lo intenta por su cuenta, pero la mayoría acaba recurriendo a una academia. Las hay presenciales y online. Las mejores son las que están especializadas en una o dos especialidades (por ejemplo, solo cocina, solo sanidad, solo informática…).

 

Estas academias ayudan a:

  • Entender cómo es el examen.
  • Preparar los temas con buen material.
  • Hacer simulacros de la parte práctica.
  • Montar una buena programación didáctica.
  • Practicar la defensa oral ante un tribunal.

Los precios varían, pero la media está entre 90 y 150 € al mes. Algunas ofrecen packs anuales o intensivos. Lo importante es que se adapten al perfil de cada uno. Hay academias que incluso asesoran si uno no sabe por qué especialidad decantarse.

 

¿Y si tengo experiencia en el sector, pero nunca he dado clase?

Eso es muy común. La mayoría empieza sin saber nada de pedagogía, pero el máster de profesorado ayuda con eso. Y luego, la experiencia se gana en el aula.

Al principio puede dar miedo: ¿cómo mantener la atención? ¿qué hago si no me respetan? ¿cómo evalúo? Pero, con el tiempo, se aprende. Muchos dicen que los primeros meses son duros, pero que luego se disfruta mucho.

Además, hay cursos de formación para profes, mentorías, recursos online… Y lo mejor: compañeros que ya están en el sistema y suelen echar una mano.

 

¿Qué tipo de gente acaba dando clase en FP?

No hay un perfil único. Hay personas que llegan tras 20 años trabajando como enfermeros, electricistas o administrativos. Hay gente joven que lo tiene claro desde la universidad. Hay personas que han tenido una empresa y se cansaron. Hay madres que quieren más tiempo libre para sus hijos. Hay quienes no soportaban a su jefe y decidieron cambiar de vida.

Todos tienen algo en común: saben hacer algo práctico, y quieren enseñarlo.

 

¿Qué ventajas tiene ser profesor de FP?

  • Buen horario. Suele ser de mañana, con tardes libres.
  • Vacaciones escolares. Julio, agosto, Navidad, Semana Santa…
  • Salario decente. En la pública, ronda los 2.000-2.500 € netos al mes (más si se tienen trienios y sexenios).
  • Estabilidad (si se saca plaza).
  • Trabajo útil. Se ayuda a que la gente encuentre empleo real.
  • Ambiente laboral razonable. No todo es perfecto, pero comparado con otras profesiones, está bien.

 

¿Y lo malo?

  • Mucha burocracia. Informes, programaciones, reuniones, plataformas…
  • Alumnado difícil. Algunos grupos pueden ser un reto.
  • Cambios legislativos constantes. Cambian currículos, leyes, criterios…
  • Competencia en las oposiciones. No todo el mundo lo consigue a la primera.
  • Desplazamientos. A veces se empieza lejos de casa.

Pero en general, la balanza suele tirar hacia lo positivo.

 

¿Entonces… merece la pena?

La mayoría de personas que da el salto y se convierte en profesor de FP no se arrepiente. Se gana estabilidad, se tiene una rutina razonable, se siente que el trabajo sirve para algo y, además, se tiene tiempo libre para vivir.

No todo el mundo vale para enseñar, pero tampoco hace falta ser un genio. Basta con tener ganas, experiencia, y estar dispuesto a aprender.

El camino no es corto. Hay que cumplir requisitos, a veces estudiar, otras opositar… pero no es imposible. Y si se hace bien, puede ser el cambio de vida que muchos están buscando.

 

¿Quién acaba siendo profesor de FP?

Cualquiera que haya trabajado en algo, sepa hacerlo bien, y quiera enseñar eso a otros. No hay edad ideal, ni perfil perfecto. Lo importante es informarse, cumplir los requisitos, y tener claro que se empieza poco a poco: quizás en un centro concertado, luego en una sustitución, luego en una vacante… y, con tiempo y paciencia, puede llegar una plaza fija.

Si alguien está leyendo esto y lleva meses preguntándose si merece la pena intentarlo… que sepa que sí, que se puede, que muchos lo han hecho antes.

Y que, por mucho que suene a frase de cartel motivacional: nunca es tarde para cambiar de vida.

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