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Del ronquido a la apnea del sueño

Roncar no es un delito ni una enfermedad grave. Tan solo es algo molesto para las personas que lo padecen, no porque ronquen, sino porque lo escuchan. Ahora bien, hablamos del ronquido simple, ese que se produce a causa de la obstrucción parcial de las vías aéreas superiores y limita el flujo aéreo de manera que, al respirar, se produce una vibración conocida como ronquido. Los ronquidos simples no suponen un problema de salud, pero pueden serlo para la convivencia, ya que son una molestia para las personas que comparten habitación con el sujeto roncante.

Tanto el ronquido como la apnea del sueño son dos tipos de roncopatías, es decir, alteraciones asociadas a las vías respiratorias altas. Las dos se consideran trastornos respiratorios del sueño muy comunes a los que hay que prestar atención, puesto que, aunque, como hemos dicho, el ronquido simple no suele tener mayor gravedad, se considera como la antesala de la apnea del sueño, una patología que tiene implicaciones y consecuencias mucho más importantes.

La roncopatía es un tipo de trastorno respiratorio del sueño que se manifiesta por los ronquidos, cuando se trata de roncopatía simple y apnea del sueño, conocida también como AOS (apnea obstructiva del sueño). Esta última es una roncopatía más severa y de mayor gravedad, debido a que la respiración se puede detener por unos segundos durante el sueño, sin que la persona se dé cuenta. Para tratar las roncopatías, se aconseja seguir una serie de medidas como eliminar el sobrepeso, evitar el consumo de alcohol, especialmente por la noche, dejar de fumar y evitar la toma de sedantes. Si estas medidas no son suficientes para dejar de roncar, se pueden seguir otros tratamientos, como veremos más adelante. Lo más importante cuando se padece una roncopatía simple es controlar que no se produzca apnea.

Causas que llevan del ronquido a la apnea

En ambos casos, tanto si se trata de una roncopatía simple como en el caso de la apnea del sueño, las causas son similares. En determinadas ocasiones, para evitar problemas mayores cuando aparece el ronquido o la apnea, se puede recurrir al dispositivo de avance mandibular, como veremos más adelante, y nos han explicado en la Clínica Dental Mesiodens, donde sus especialistas cuentan con las instalaciones y la tecnología adecuadas para poder tratar este problema y muchos otros relacionados con la cavidad oral.

Como decíamos, las causas son similares y deben ser tenidas en cuenta. El exceso de peso es una de ellas, ya que la evidencia demuestra que las personas que tienen sobrepeso y obesidad son más propensas a roncar y presentan mayor riesgo de padecer una apnea del sueño. Los estudios más recientes confirman que el Índice de Masa Corporal (IMC) se asocia notablemente con la apnea y la hipopnea, además de presentar una posición inferior del hueso hioides situado en el cuello, lo que puede alterar la respiración.

La edad y el sexo de la persona son factores relevantes, ya que tanto el ronquido simple como la apnea son más frecuentes en hombres que en mujeres. En los hombres se presenta antes y son más propensos a padecer apneas graves. Las roncopatías pueden manifestarse a cualquier edad, como los ronquidos infantiles, pero el riesgo aumenta a medida que se envejece.

En el caso de la apnea obstructiva del sueño, la predisposición genética es otro factor a tener en cuenta. La herencia se considera como factor de riesgo potencial si existen antecedentes familiares de ronquido o apnea.

Por último, encontramos las características anatómicas de la persona. Un cuello grueso, las amígdalas grandes o un paladar blando bajo y grueso pueden resultar en un estrechamiento de las vías respiratorias, lo que favorece las roncopatías, del mismo modo que lo hacen los problemas nasales como la congestión, el tabique desviado o la rinitis alérgica.

Es de suma importancia saber diferenciar entre un ronquido simple y una apnea del sueño, lo que no resulta especialmente fácil debido a la dificultad de detectarlo por uno mismo. Por lo general, es la pareja de quien padece la apnea quien se percata del problema. Sin olvidar que la sintomatología de la apnea suele pasar desapercibida y se confunde fácilmente con una manifestación del estrés, el cansancio o la falta de sueño.

Las tres señales que hay que tener en cuenta e indican que se está ante una apnea del sueño son las siguientes:

  • Somnolencia excesiva a lo largo del día sin que exista causa que la justifique.
  • Ronquido fuerte al que sigue una pausa en la respiración (apnea) y que se repite con frecuencia durante las horas de sueño.
  • Falta de concentración a la hora de desarrollar las tareas habituales.

Estos síntomas pueden ir acompañados de otros, como puede ser un dolor de garganta al despertar, dolores de cabeza por la mañana o un sueño intranquilo. Los que caracterizan a la apnea del sueño se producen al obstruirse la cavidad respiratoria, lo que implica un aumento en el esfuerzo que se hace al respirar en cada bocanada de aire. Esto se manifiesta como un ronquido fuerte al que sigue una pausa o silencio en la que la persona deja de respirar. A su vez, tiene como consecuencia que el sueño sea superficial y poco reparador. En aquellos casos en los que la obstrucción respiratoria no es total, se trata de hipopnea del sueño.

Consecuencias y soluciones

Padecer apnea del sueño altera la calidad de vida de las personas que la padecen en mayor o menor medida, siendo su efecto principal un sueño de mala calidad y lo que deriva de ello, como falta de concentración, irritabilidad, cansancio, etc. Pero la repercusión y las consecuencias que derivan de este estado de salud pueden ser más serias, debido al impacto que tiene la falta de oxigenación que se produce por la interrupción de la respiración y el aumento del esfuerzo ventilatorio que se hace para superar la obstrucción de las vías respiratorias.

La apnea y la hipertensión se relacionan en doble sentido: la apnea repercute negativamente en el corazón y la hipertensión coexiste muchas veces con la apnea del sueño. También existe una relación bastante estrecha entre el ictus y la apnea que incrementa entre dos y tres veces el riesgo de que se produzca un accidente cerebrovascular. Además de que existen evidencias que demuestran que la apnea del sueño aumenta el riesgo de que se produzca un deterioro cognitivo a consecuencia de la disminución del oxígeno disponible durante la apnea.

No obstante, es posible prevenir la roncopatía y la apnea si se hacen cambios dentro de la rutina diaria y se evitan aquellos aspectos que favorecen su aparición:

  • Dejar de fumar.
  • Evitar el alcohol o minimizar su consumo, sobre todo antes de dormir.
  • Mantener un peso adecuado.
  • Llevar una dieta equilibrada y cardiosaludable.
  • Realizar ejercicio físico de forma regular.
  • Seguir unos horarios de sueño ordenados.
  • Dormir de lado, ya que los ronquidos se intensifican cuando se duerme boca arriba.

Respecto a los tratamientos para la apnea, el diagnóstico y abordaje se tienen que realizar de forma multidisciplinar, con la intervención de diferentes especialistas, entre los que destacan los otorrinolaringólogos y los dentistas. Existen varias opciones de tratamiento y la elección de cada una de ellas va en función de cada paciente y su tipo de apnea. En cualquiera de los casos, lo que sí es igual es la necesidad de realizar cambios dentro del estilo de vida.

Los dispositivos de avance mandibular que mencionábamos anteriormente son los aparatos que se colocan en la boca y se diseñan a medida del paciente. Proporcionan una mejoría notable, haciendo que la mandíbula avance y se abra la vía aérea. Se indican en ronquidos molestos socialmente y en casos de apnea leve o moderada. Este dispositivo se hace en la clínica dental.

El tratamiento estándar es el CPAP, las siglas en inglés de presión positiva continua de las vías respiratorias, y se basa en el uso de un dispositivo que facilita la respiración del paciente durante el sueño. Incluye una mascarilla que el paciente se coloca sobre la nariz y la boca, conectada a una máquina que proporciona la presión constante de aire necesaria en la garganta. Esto permite que las vías respiratorias se mantengan abiertas al inhalar, evitando que se produzca la apnea.

Por último, la cirugía, a la que se recurre en determinados casos y cuando no funcionan los tratamientos anteriores. Existen diferentes tipos de intervención según el tipo de apnea y el paciente: extirpación de las amígdalas y adenoides, colocación de implantes que optimicen el funcionamiento de las vías respiratorias, cirugía de avance maxilar o mandibular, etc.

En resumen, los ronquidos y la apnea son roncopatías. La roncopatía simple, es decir, los ronquidos, puede preceder a la apnea. En ambos casos se produce la dificultad del paso de aire por la faringe, lo que hace que se reduzca la oxigenación en sangre y el rendimiento cerebral durante el sueño. Cuando se produce con frecuencia, se pasa del ronquido a la apnea del sueño, cuya gravedad varía en razón de las veces que se produce y del grado de desoxigenación de la sangre.

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