24 noviembre, 2016

¿Alergia o intolerancia?

Algunas personas llevan toda la vida alimentándote de lo mismo y de repente empiezan a tener problemas con ciertos alimentos que hasta entonces parecían haberles sentado muy bien. Otras personas, llevan toda la vida con dificultades para asimilar ciertos alimentos. En ambos casos, hablamos de alergias o intolerancias alimentarias. En la mayoría de los casos se trata de intolerancias, aunque es muy habitual confundir la terminología, y denominar alergia a lo que en realidad es una intolerancia.

En el caso de las alergias, una sustancia en concreto provoca en el sistema inmunológico la producción de anticuerpos que reaccionan provocando la segregación de histaminas, que a su vez provocan diferentes síntomas como picor, dificultad para respirar, tos, etc. Las intolerancias alimentarias no afectan al sistema inmunológico. Un ejemplo de intolerancia lo tenemos en la intolerancia a la lactosa.

Las alergias, por el contrario, afectan al sistema inmunológico, debido a un fallo en su funcionamiento, e interpreta una determinada sustancia como si de un peligro se tratase, por lo que su sistema inmunológico reacciona defendiéndose contra ella, y generan anticuerpos, que reaccionan ante los alérgenos, que provocan diferentes reacciones localizadas.

Por norma general las reacciones alérgicas no son demasiado graves, excepto en casos aislados, en los que la reacción puede llegar a provocar la muerte. En este caso decimos que la persona ha entrado en shock anafiláctico, las vías respiratorias se contraen y es necesaria la administración de adrenalina para no sufrir una parada cardiaca.

Si bien las alergias no son tan comunes, las intolerancias sí lo son, afectando a entre un 30 y un 40% de la población, muchas veces sin ser conscientes de ello.Por eso, yo me hecho un test de intolerancia en la farmacia Ramón Ventura de Barcelona, mediante una prueba analítica que permite detectar posibles intolerancias a alimentos comunes en nuestra dieta.

En el proceso de la intolerancia alimentaria, las células sanguíneas reaccionan frente a determinadas proteínas de alimentos intolerantes liberando sustancias patógenas (alérgenos), que son causa de diversas disfunciones corporales que van desde cefaleas persistentes a trastornos gastrointestinales, problemas dermatológicos, molestias respiratorias e, incluso, obesidad.

Hay determinados síntomas que son indicadores de una posible intolerancia alimentaria, los más comunes son los siguientes:

  • Obesidad
  • Trastornos gastrointestinales: estreñimiento, diarrea, colon irritable…
  • Procesos dermatológicos: eczemas, dermatitis atópica, acné
  • Molestias neurológicas: migraña, mareo, vértigo
  • Trastornos emocionales: depresión, ansiedad, fatiga
  • Otros trastornos: fibromialgia, artritis, inflamación articular

Así que si crees que puedes padecer algún tipo de intolerancia alimentaria, es conveniente que te hagas una prueba y así salir de dudas.

Una de las intolerancias más comunes que existen es la intolerancia a la lactosa. Veamos a continuación en que consiste.

Intolerancia a la lactosa

Últimamente es habitual escuchar a más personas comentando que son intolerantes a la lactosa, y esto es completamente natural, ya que,  aparte del hecho de que los mamíferos no continúan alimentándose de la leche de sus madres llegada la edad adulta, el hecho de que los humanos se alimenten de la leche de otra madre, en este caso la vaca, negándole por otro lado al ternero su derecho natural, es de necesidad insano.

Las gatas amamantan gat@s,  las cerdas a sus cerd@s, las perras a sus perrill@s, por qué entonces los humanos habrían de tomar la leche que produce otro animal para alimentar a sus propios hijos, en este caso vacas a terneros. ¿No hay en todo esto algo que no cuadra?

No cuadra, y el cuerpo lo sabe, y por eso reacciona, y el elevado número de intolerantes lo evidencia.

Está demostrado, que llegada la edad adulta, se ha de evitar el consumo de lácteos. Una buena opción es consumir una leche sin lactosa, ya que esta no produce ningún tipo de reacción en la persona intolerante. Pero, ¿Por qué seguir consumiendo un producto que evidentemente nos sienta mal, con las consecuencias negativas que su producción supone para el medio ambiente y los animales destinados a la producción de leche, si a fin de cuenta eliminamos lo esencial de éste?

Actualmente se encuentran en el mercado y a precios muy asequibles, una enorme variedad de leches y productos sustitutos de los lácteos a base de ingredientes de origen vegetal: bebidas de soja, de arroz, de avena, de almendras…

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