Al hablar de turismo, solemos pensar en playas de ensueño, rutas en la montaña o bodegas de las denominadas con encanto. El caso es que detrás de ese tipo de experiencias, la construcción importa y ahí está el pladur, que consiste en unas placas de yeso laminado que podemos ver en las paredes y techos lisos.
Algo más que un elemento de construcción
No solo hablamos de que es parte del mundo constructivo; estamos ante un pladur que, como nos dicen desde Vidroplast Cantabria, almacen de construccion en Santander, es cada vez más abundante, en especial en nuestro país, donde se utiliza en los alojamientos de turismo rural y en los denominados hoteles boutique. Gracias a ello, es posible abordar la transformación de espacios con suma rapidez, aislando del ruido y personalizando sin necesidad de grandes obras, de tal forma que es el secreto mejor guardado de bastantes alojamientos que desean ofrecer calidad sin que se alarguen las reformas en demasía.
Las ventajas de una construcción rápida
Cuando se quieren reformar caseríos rurales, hoteles, obra tradicional y demás, el pladur ha llegado para cambiar las reglas del juego, sin esperas de secado, y permite dividir espacios o crear falsos techos en cuestión de días. Imagina que tienes un caserío gallego del siglo XIX que quieres convertir en casa rural o un hotel familiar en la Costa Brava que necesita más habitaciones para la temporada alta. Con obra tradicional de ladrillo y mortero, estarías meses con polvo, ruidos y operarios entrando y saliendo. Esto es magnífico para el sector del turismo. Así, un empresario del sector puede rehabilitar un edificio histórico y hacerlo funcionar en pocas semanas.
Se pueden colocar tabiques de pladur que separen habitaciones dobles familiares, instalar aislamiento acústico entre ellas y pintarlas. El resultado será una obra más rápida, lo que significa más noches que se facturan o menos meses de negocio cerrado.
La personalización sin límites
En la actualidad, el turismo demanda una especial singularidad. La clientela no quiere hospedarse en cadenas insulsas e impersonales. Se buscan alojamientos con carácter. A esto da respuesta el pladur, que permite una serie de formas que son complicadas de realizar con la obra convencional.
No hay que olvidar que la versatilidad es fundamental en campos como el del agroturismo. Se puede llegar a transformar, por ejemplo, un granero en un espacio multifuncional con sala de catas aislada acústicamente, dormitorio con baño en suite, donde todo esté pintado de blanco mate que realce las vigas de madera vistas.
El pladur se corta, dobla y modela en el taller, de tal forma que se reduce la obra en el sitio. Para el dueño, es menos complicado a nivel logístico. Los turistas pueden disfrutar de unas estancias únicas que publican en Instagram y que atraen reservas de forma directa.
Eficiencia energética: ahorro que beneficia a todo el mundo
Las normas europeas lo que hacen es regular cada vez más la eficiencia y, en este sentido, el turismo rural no se libra. El pladur, con sus cámaras de aire y aislamiento integrado, lo que hace es mejorar el rating en el campo energético de cualquier tipo de alojamiento.
Existen apartamentos turísticos en los que se ha utilizado pladur y que han reducido el consumo de calefacción, de tal forma que han podido ofrecer una serie de precios competitivos sin que ello suponga que se sacrifique el confort. Los huéspedes aquí lo notan con habitaciones que mantienen la temperatura.
En los hoteles pequeños hay fachadas ventiladas que tienen placas exteriores de cemento que aíslan sin añadir peso al edificio antiguo. Hay un menor gasto en climatización. Lo que significa un mayor margen de inversión en desayunos ecológicos o en rutas guiadas, que suelen ser un gran gancho para el turismo sostenible.
Limpieza y mantenimiento: menor preocupación para el hostelero
Los sistemas de pladur generan menos escombros y residuos que la albañilería tradicional, además de reducir el uso de mortero y los tiempos de ejecución. Esto es útil en sectores como el turístico, donde muchas veces es necesario realizar reformas rápidas sin interrumpir la actividad durante largos periodos.
El mantenimiento posterior es reducido, ya que estas superficies suelen pintarse fácilmente y las pequeñas reparaciones se realizan con masilla y espátula. Además, las placas hidrófugas ofrecen una buena resistencia a la humedad y son especialmente útiles en baños y cocinas de zonas húmedas, como las Rías Baixas, especialmente en viviendas de alquiler vacacional con un uso intensivo.
La necesidad de practicidad para el empresario turístico
Los costes son más bajos que los de obra tradicional, siendo de ejecución muy rápida; es posible personalizarlo de infinitas formas y también se cumple con la normativa. Un proyecto que, si se utiliza el ladrillo, le podría llevar tres meses; con pladur es posible solucionarlo en pocas semanas. Está claro que todo esto es de gran valor si se tiene un establecimiento rural o un hotel, por lo que se puede competir con competencia importante, de tal forma que se ofrezca calidad a un precio más accesible que las grandes cadenas.
Eso sí, como es lógico, esto no es perfecto. Se hace menos resistente a los impactos fuertes que el hormigón, pero para una utilización hotelera sobra y más si se utilizan sistemas reforzados.
Conclusiones
En nuestro país el turismo mueve muchos millones y en este sentido hay casos en los que la rehabilitación es urgente, por lo que el pladur no es moda, es ya una necesidad. Esto permite que nuestro país pueda aprovechar el patrimonio rural sin destruirlo, de tal forma que los viajeros disfruten de estancias confortables, silenciosas y que sean únicas.
Como ves, en los alojamientos que reserves o si, por ejemplo, estás pensando reformar tu casa, no te olvides de fijarte en las paredes lisas, los techos perfectos y ese silencio. Seguro que ahí se encuentra el pladur, puesto que ayuda a que el turismo de calidad sea posible, habitación por habitación.
El presente y el futuro son del pladur y, si estás dudando, pregunta a los profesionales expertos las dudas que puedas tener.

